miércoles, 19 de julio de 2017



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La declaración de la Independencia del Perú es uno de los hechos más importantes en la historia del país y de toda América, pues el continente, en ese entonces, no estaría totalmente seguro mientras el Perú no fuera liberado del yugo español.



Nuestro país fue durante esa época, el núcleo central de la Corona de España en esta parte del continente. Fue en la segunda década del siglo XIX en que don José de San Martín, lideró el Ejército Unido Libertador para preparar su llegada al Perú.

A comienzos de julio de 1821 se vivía en Lima una tremenda escasez de alimentos, las tropas realistas no contaban con recursos y los patriotas ya habían conseguido importantes victorias al interior del país, en tanto la población entera reclamaba la presencia del libertador argentino, quien ya había conseguido tal propósito con Argentina y Chile.
Tras el retiro del virrey La Serna al Cusco, San Martín entró en Lima en 1821 y convocó a una junta de notables en el Cabildo limeño el 15 de julio. Manuel Pérez de Tudela fue el encargado de redactar el Acta de Independencia que determinó la proclamación de ella para el sábado 28 de julio de 1821 en la Plaza de Armas de Lima. San Martín buscó implantar el sentimiento de la independencia por lo menos entre los limeños. 
Aquel 28 de julio, según rezan algunas crónicas, amaneció lluvioso y templado. Don José de San Martín despertó a las 9 de la mañana, se puso el uniforme de gala y, previo saludo a sus jefes de estado, se preparó para la proclamación. 
El acto comenzó a las 10 de la mañana con San Martín abandonando el Palacio de los Virreyes acompañado de dignatarios de la Universidad de San Marcos, altos prelados de la Iglesia y priores de los conventos. Tras ellos aparecieron los altos jefes del Ejército Libertador y oidores de la Real Audiencia de Lima. 
Había otro grupo dentro de aquella comitiva: El conde de San Isidro y el marqués de Montemira, quien portaba la bandera peruana creada por San Martín en Pisco en lugar del estandarte real. 
Las calles cercanas a la Plaza de Armas estaban llenas. Se estimó un aproximado de 16 mil personas quienes escucharon la proclama de don José de San Martín, secundados por las tropas en formación. 
El marqués de Montemira hizo entrega de la bandera peruana a San Martín y el libertador la tomó, la mostró a la multitud y proclamó la frase que terminó por reafirmar uno de los sus sucesos más importantes en la historia del Perú: 

"EL PERÚ DESDE ESTE MOMENTO ES LIBRE E INDEPENDIENTE POR LA VOLUNTAD GENERAL DE LOS PUEBLOS Y POR LA JUSTICIA DE SU CAUSA QUE DIOS DEFIENDE".

"¡VIVA LA PATRIA ! ¡VIVA LA LIBERTAD!
¡VIVA LA INDEPENDENCIA!"

Las campanas repicaron mientras que los cañones disparaban sus salvas. Don José de San Martín había proclamado la Independencia del Perú, declaró una patria nueva, emancipada y libre. El aplauso estruendoso se apoderó de la Plaza de Armas ante tan importante declaratoria. 
La ceremonia se repitió en otros tres lugares: la plazuela de la Merced, el frontis del Convento de las Descalzas y la Plaza de la Inquisición (hoy Plaza Bolívar o del Congreso). 

Independencia del Perú

proclamacion independencia peruLa independencia del Perú se proclamó el 28 de Julio de 1821. Perú había permanecido junto a España con el virreyJosé Fernando de Abascal, quien incluso envió tropas y dinero a otros puntos donde la insurrección había aparecido.
A partir de 1810, el virrey tuvo que enfrentarse a diversas insurrecciones, casi todas surgidas en el Alto Perú (hoy Bolivia).
Abascal advirtió la debilidad de la Junta Central de 1810 e interpretó el movimiento independentista como un complot perpetrado desde Buenos Aires. Mantuvo de 1808 a 1813 una política hostil, pero diplomática, contra las nuevas ideas procedentes de España. A pesar de ello, tuvo que admitir, el 24 de septiembre de 1810, la convocatoria para la elección de diputados. Abascal contaba con la colaboración de los liberales peruanos y españoles, a los que no interesaba que la mayoría nativa accediera a sufragio y a la representación política.
Las promesas de los liberales encendieron las esperanzas de poder de los criollos, pero como no se llevaron a cabo algunos sectores criollistas empezaron a atacarlos. Sin embargo, no se atrevieron a sublevarse, pues tenían muy presente la reacción del gobierno virreinal ante la insurrección de Tupac Amaru II (1780) y la de Pumacahua, violentamente reprimidas. Las revueltas indigenas peruanas, lejos de estimular el proceso revolucionario, lo estancaron. Hubo que aguardar a que dos líderes militares lo dirigieran: San Martín y Bolívar, ambos extranjeros.
Perú se encontraba densamente poblado, con sólo un 5 por 100 de blancos y un predominio de indigenas (58 por 100) sobre los mestizos (29 por 100) y los negros (8 por 100: 4 por 100 esclavos y 4 por 100 libres). Las divisiones raciales fomentaron la jerarquización social y establecieron una sociedad de castas.
La clase dominante, de raza blanca, la constituían españoles y criollos aristócratas, quienes originaron una nobleza rural privilegiada e inmovilista que detentaba el poder económico. Los españoles acaparaban casi todos los cargos públicos y burocráticos.
Otro sector lo formaban los criollos liberales, que tan sólo pretendían reformar el armazón colonial y alcanzar unas reivindicaciones sociales y jurídicas mediante su representación en los cabildos.
Los intelectuales peruanos como Jose Hipolito UnanueJosé Baquíjano y otros colaboradores del periódico El Mercurio peruano impregnados del pensamiento de la Ilustración.
abogaban por una libertad y una igualdad, pero español y no se plasmaban en un movimiento de independencia.
La clase más oprimida y mayoritaria, la de los indígenas, no consiguió representación en los cabildos, al negársela los criollos aristócratas y liberales.
La economía peruana del siglo XVIII sufría una crisis que arrastraba desde el siglo anterior. Perú había sido la máxima potencia americana gracias a su comercio trasatlántico y a la explotación de los metales preciosos. Víctima de las reformas imperiales de 1776-1778, que acabaron con el monopolio comercial, perdió la exclusividad en su comercio con España. La situación empeoró en 1808 cuando Chile y Buenos Aires, rivales económicos de Perú, lograron la libertad de comercio. El gobierno español decretó en 1812 la abolición del tributo indio y de la mita. Con la restauración de Fernando VII en 1814, la presión española se acentuó bajo el virreinato de Joaquín de la Pezuela, quien derogó las medidas liberales.
La ofensiva revolucionaria de carácter militar la inició el general San Martín, engrosando sus filas algunos patriotas alistados en la guarnición hispánica que destacaron por sus ideas liberales y lucharon a favor de los independentistas.
Desde que San Martín liberara Chile, gozaba de un enorme prestigio militar. Estratégicamente advirtió la necesidad de asestar el primer golpe contra la metrópoli por mar y para bloquear la flota española contrató los servicios del almirante inglés Thomas Cochrane, en cuyas manos cayeron las ciudades más ricas de la costa del Pacífico. San Martín decidió negociar un arreglo con los realistas, quizá para ganar tiempo y comprometer a todos los patriotas a su causa.
La ineptitud del virrey Joaquín de la Pezuela provocó su derrocamiento aceptado por Fernando VII. Su sucesor en 1821, el general José de la Serna conferenció con San Martín, quien intentó inducirle a unirse a los insurgentes. Al no conseguirlo, San Martín adoptó la vía militar, logró la victoria, entro en Lima el 10 de julio de 1821 y proclamó la independencia del Perú el 28 de Julio de 1821. Pero los criollos no le apoyaron por que temían que los indios libres cometieran desmanes contra ellos y sus propiedades.
A lo largo de toda la campaña, San Martín se había afirmado como un lider pacifista, y así lo demostró al ocupar Lima.
El 3 de agosto de 1821, asumió el título de Protector del Perú y aplicó reformas sociales, confirmando la supresión de la mita y del tributo indio abolidos en 1812. Decretó la expulsión de los españoles y la confiscación de sus bienes, con el afán de atraerse a la aristocracia criolla y al mismo tiempo, con la creación de la Orden del Sol, favoreció a los militares criollos.
Sin embargo, los liberales peruanos se oponían a San Martín por considerarlo demasiado teórico. Carente de apoyo, el general acudió a Guayaquil para conferenciar con Simón Bolívar, al que pidió la anexión de esta plaza a Perú, su ayuda militar para la causa peruana y para el establecimiento de una monarquía constitucional en el país (julio 1822). En ella Bolívar sólo se comprometió a prestar ayuda militar. El fracaso de las negociaciones obligó a San Martín a dimitir (1822) y marcharse de Perú.
Bolívar consiguió pacificar el país y dominar los reductos españoles del interior con su ejército y la colaboración de los montoneros (grupos de guerrilleros a caballo).
Finalmente la batalla de Ayacucho (1824) supuso el fin de la dominación española en Perú y en el continente
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